Cuando las mujeres nacemos, inmediatamente se nos sumerge en el mundo del romanticismo…
Apenas saliditas del vientre, ya se la está arropando con vestidos de princesa, coronitas. Y a medida que crece se le van sumando brillos, Barbies y Kenn, eternamente novios por siempre; novelas en las que los patrones se enamoran perdidamente de sus sirvientas (ahí aparecen como ícono Natalia Oreiro y Facundo Arana) No siendo suficiente, se la sumerge en el mundo de la música melódica ¡ y melancólica! Ricardo Montaner, Ricardo Arjona, con sus canciones a la vida, al amor, al desamor… y si es que le cantan hasta a la menstruación!!!
Y así la lista sigue y sigue y sigue…¡¿Cómo escapar de esto, si apenas nacidas no se nos muestra otra realidad más que ésta?!
Fíjense que al hombre se lo cría diferente: nada de muñecos, nada de canciones de amor, nada de llorar ¡porque los hombres no lloran!
Seguramente nuestras madres no tienen conciencia de que además de involucrarnos al mundo del romanticismo, nos están condenando a la desilusión de por vida.
¿Por qué lo digo? Porque nada, repito “nada” de lo que sucede en las novelas, los noviazgos eternos entre muñecos, y mucho menos en las letras de las canciones, nos va a suceder estando de la mano de un hombre!!!
Lo peor de todo no es saber esto, sino olvidarlo en el preciso momento en que un espécimen del sexo opuesto se nos cruza en la vida.
Pareciera que se nos adormeciera el cerebro y la capacidad de razonar. Nos ponemos tontas haciendo cartelitos y corazones, cartitas y millones de “te amo” escritos en algún papel… o pensando cuál será su comida preferida, su sueño en la vida, sus planes de vida (y en qué momento pasamos a ser parte de sus planes, obviamente), su marca preferida de ropa, sus gustos musicales, sus deportes preferidos, sus fantasías sexuales, y todo aquello en lo que podemos contribuir para hacerlo eternamente feliz.
Pero, como decía mi abuela, lo bueno dura poco, la magia comienza a desaparecer…
Aniversario de novios n° 1:
Una semana antes del glorioso día de aniversario – si es que no es más- una ya está pensando qué regalarle, tanteando el terreno… y, disimuladamente, le hace al muchacho preguntas al respecto que levantan todas las sospechas de que se le quiere hacer un obsequio.
Una vez comprado el supuesto regalo “perfecto” que lo hará feliz, se pasa al proceso de chapería y pintura. Una se pregunta: “¿qué ropa me pongo para infartarlo?” O lo que es más lastimoso: “¿esta ropa será la adecuada para el lugar a donde me llevará a cenar?”
Lo triste es que llegará vestido a nuestra casa con el equipo de fútbol, perfumado con sudor, con el olor a tierra de alguna pedorra canchita y nos terminará llevando a la plaza del barrio a tomar un helado de $1.50.
Y quedaremos vestidas de gala, sentadas en el cordón de alguna vereda, recibiendo apenas un “gracias” por el regalo y escuchando las anécdotas del glorioso partido que sí lo hizo feliz…
El primer aniversario además de recordarse por ser el primero, creo que también se recuerda por ser la primera de tantas desilusiones que luego vendrán.
Si se olvida del aniversario, será un desencanto porque se olvidó. Y si no se olvida pero lo toma como un día común, también será motivo necesario como para sentir un puñal clavado en el corazón.
Ahora: ¡no es tan difícil ser romántico o tener un gesto amoroso que nos haga a las mujeres felices!
Somos lo más económico que hay si se habla de regalos: si una puta flor o rosa nos hace llorar… o una carta escrita en una servilleta nos emociona hasta las lágrimas…
Basta del mito histórico y meramente machista del “Estar en pareja es un presupuesto”. ¡Basta!
No sé si es falta de imaginación, de consideración, miedo a ser cursi, distracción o cuanta excusa pongan…Las mujeres de esta provincia, de éste país, del mundo no toleraremos justificación alguna.
Es tan fácil tener un gesto de cariño, como agendar el aniversario en el celular - ¿para qué está la tecnología sino para usarla?- Y se puede sorprender con cualquier pequeño gesto, cuando digo cualquiera es “cualquiera”, siempre y cuando le asigne un significado en relación a la vida de su amada. Por ejemplo:
-una zanahoria tallada con las iniciales de los dos
-un poema copiado de algún tintero escrito en un papel higiénico
-una tarjetita que diga “Amor, yo confío en que vas a lograr todo lo que te propongas. Inclusive comprar tu propio auto. Por eso te regalo esta rueda, que simboliza mi confianza y apoyo en vos”.
¡Hay algo que el hombre no entiende (habría que preguntarse QUÉ entiende?)… a la mujer le importa un comino el regalo!
viernes, 12 de febrero de 2010
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